Qué ver en San Sebastián:
Mercado de la Brecha: El mercado tradicional se ha transformado en un centro comercial y de ocio que ocupa el edificio de la Brecha, el de la antigua Pescadería y el entresuelo entre ambos. Junto a nuevas ofertas, sigue permitiendo comprar alimentos frescos del país. Por aquí pasaba la primitiva muralla y la artillería anglo-portuguesa abrió en ella un boquete, una brecha, durante el asedio de 1813.
Plaza de la Constitución: Situada en el corazón de la Parte Vieja, su neoclásico edificio central, en cuya fachada encontrará el escudo de la ciudad, albergó al primitivo Ayuntamiento y después a la Biblioteca Municipal, de la que actualmente conserva sus fondos históricos.
Iglesia de San Vicente: Al fondo de la calle Narrica se asoma el monumento más antiguo que se conserva en la ciudad. El templo, edificado sobre otro anterior, fue construido a lo largo del siglo XVI en estilo gótico.
Calle Barrica: Entramos en el casco antiguo, al que los donostiarras se refieren como la Parte Vieja. Una cuadrícula peatonal llena de sabor.
Boulevard: Un espacio libre entre la Parte Vieja y el Ensanche diseñado por Antonio Cortázar y los defensores de que las nuevas manzanas no dejasen huecos. Hoy podemos disfrutar de la Alameda del Boulevard, que después de su reciente rehabilitación es un cómodo espacio peatonal en el que pasear, sentarse en sus bancos, escuchar la música de su quiosco o citarse para ir a la Parte Vieja.
Basílica de Santa María del Coro: Aunque su origen es anterior, data del siglo XVIII y tiene elementos góticos, churriguerescos y neoclásicos. El santo Sebastián está presente por partida doble, en una escultura de la fachada y en un lienzo de Boccia en el altar, que preside la Virgen del Coro, patrona de la ciudad.. El 14 de agosto, la basílica ha de dejar abiertas sus puertas ante la avalancha de fieles que acude al tradicional acto de la Salve, en el que canta el Orfeón Donostiarra.
El Paseo de los Curas: Tras el tramo de escalones se encuentra un encantador paseo entre árboles a la falda de Urgull, por el que antaño solían caminar algunos sacerdotes mientras leían sus breviarios. Un espléndido mirador sobre la ciudad, el puerto y la bahía, tranquilo durante todo el año, salvo durante los domingos de septiembre en que se disputan las regatas de traineras.
Paseo de la Concha: Discurre a lo largo de
más de cinco kilómetros de recorrido, pasando por las playas de
La Concha y Ondarreta. El Paseo de la Concha transcurre
tranquilo, al ritmo que marca el oleaje del mar y su suave
viento. Ambas circunstancias, marcaron lo que es Donostia ahora,
pues ese fue el motivo por el que Maria Cristina la eligió como
centro de descanso, cuando el médico le recomendó baños del mar.
La zona designada al paseo, es completamente peatonal, con
bancos que invitan al descanso para poder disfrutar de las
vistas del Cantábrico. De vez en cuando, pequeños árboles
conocidos como tamarines o tamarindos dan un toque verde al
lugar.
A lo largo del Paseo, uno se tropieza con el Parque de Alderdi,
la Plaza de Cervantes, Hotel de Londres e Inglaterra, el Pico
del Loro, etc. Al recorrer parte de ella, el paseante se detiene
y se apoya en una curiosa Barandilla blanca, que separa el mar
de la tierra. Esta barandilla, obra de Mariano Arrieta,
transcurre a lo largo de todo el paseo. Con su elegancia y
majestuosidad, es uno de los símbolos de la ciudad. Cada cierto
tiempo, y en armonía con ella, aparecen las bellas farolas, son
las que sirven de modelo para las miniaturas que son los Premios
Donosti del Festival de Cine.
El Ayuntamiento: Entre el Boulevard, la Parte Vieja, el Club Náutico y los jardines de Alderdi-Eder, la Casa Consistorial es una de las construcciones emblemáticas de Donostia. Fue inaugurada en 1887 como Gran Casino y por sus suntuosos salones se paseó la alta sociedad europea durante la “Belle Epoque” del cambio de siglo. Tras la prohibición del juego, el espléndido edificio acabaría reconvirtiéndose en sede del Ayuntamiento.
El Real Club Náutico: El edificio levantado en 1929 es un ejemplo singular de la arquitectura racionalista.
El Hotel de Londres: Su señorial fachada clara y su cúpula destacan en el inicio del Paseo de La Concha. Antes de llegar al hotel, la plaza de Cervantes recuerda al escritor con la reproducción de las figuras de Don Quijote y Sancho Panza existentes en la madrileña plaza de España.
La catedral del Buen Pastor: Su torre, de 75 metros de altura, es visible desde numerosos puntos de la ciudad. Como tantos otros edificios donostiarras, fue construido con piedras procedentes de las canteras de Igeldo.
El centro Koldo Mitxelena y el edificio de Correos: Dos hermosas construcciones de carácter monumental cierran la parte trasera de la plaza del Buen Pastor. Se trata del actual centro cultural Koldo Mitxelena - KM kulturunea y de la sede de Correos.
El puente de María Cristina: Construcción profusamente decorada que conecta con la Estación del Norte. Dragoncitos, motivos marinos, escudos (el de San Sebastián y el primitivo de Gipuzkoa) y los cuatro conjuntos escultóricos sobre templetes inspirados en los del puente de Alejandro III en París conforman un paso irrepetible. Crúcelo
Estación del Norte: Desde 1864, la línea de ferrocarril Madrid - París pasa por aquí. Por cierto, que la marquesina sobre las vías la diseñó Gustave Eiffel, el creador de la torre parisina.
Paseo de Francia: Siete palacetes de influencia gala y las aguas del Urumea rodean este tranquilo espacio desde el que se observan, en la otra orilla, los edificios del paseo de los Fueros.
